A menudo sentimos que para ayudar a alguien debemos tener las palabras adecuadas, el consejo perfecto o la solución inmediata. Pero en la Iglesia Universal de La Vida creemos que, a veces, la mejor ayuda no implica hablar, sino escuchar.
Cuando un amigo, familiar o colega comparte algo difícil contigo, no siempre espera una respuesta. A veces, solo necesita ser escuchado, sentir que alguien está presente y le importa. Interrumpir con consejos no solicitados puede incluso invalidar sus sentimientos, aunque no sea nuestra intención.
Por eso, antes de dar tu opinión, pregúntate: ¿Me han pedido consejo o solo buscan desahogarse? Una frase como: “¿Quieres que te escuche o prefieres que te diga lo que pienso?” puede hacer una gran diferencia y demostrar empatía. A veces, no necesitas hablar para ayudar; basta con estar presente.